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martes, 16 de mayo de 2017

Cuando todo despegó, toqué un sueño

Mi amigo Serafín, pocos días después de la segunda desconferencia #sherpas20 me "abrió" por whatsapp, como dirían mis hijos, y me preguntó como había ido todo. Leía yo en sus mensajes que echaba de menos la crónica de lo acaecido pero me pedía un relato de verdad, en primera persona sin quedar bien con nadie, sin escribir por el que dirán, sin ser de nadie ni de nada. Quería que Mónica, sin más, le contase como diríamos en català: "a cau d'orella" (en voz baja) que pasó y sobretodo que sentí. Pues bien, el domingo le envié el texto que tras publicarse en Cuidando hoy os reproduzco aquí:


Dos semanas después de la II desconferencia #sherpas20 del 28 de abril en Barcelona, pasó la resaca y quedan los recuerdos de lo vivido, lo sentido y lo aprendido. El camino hasta llegar al encuentro no ha sido nada fácil, definimos los objetivos para reunir a la comunidad sherpa, planificamos como iban a trabajar las 70 personas convocadas y empezó la carrera de obstáculos. 

La primera desconferencia tuvo lugar el 4 de noviembre de 2014, y sí, según dijo después todo el mundo fue muy disruptiva… curiosa y enigmática palabra… Más allá de los tópicos, fue una reunión interdisciplinar con personas de más de 10 colectivos vinculados al mundo de la salud juntas para trabajar en la reducción de la brecha digital. Seguimos dando pasos y en 2015 presentamos el informe resultante del trabajo llevado a cabo. Y a partir de ese momento volvimos a reinventarnos teníamos una desconferencia en el bolsillo, un documento en la mano que quería ser palanca de cambio en las organizaciones pero, meses después nos veíamos de nuevo con un pie en la teoría y el otro que tímidamente se acercaba a la práctica. En 2016 tiramos de la cuerda como buenos sherpas que somos, fuimos contando lo que habíamos hecho por lo largo y ancho de nuestra geografía mientras los sardar sherpas (ese grupillo de 10 personas comprometidas contra viento y marea por hacer que las cosas pasen) nos devanábamos los sesos para mantener los pies del suelo y conseguir de nuevo que la comunidad se desconferenciase para trabajar “en proyectos de verdad”. 

Cierto es que la disrupción cuesta cara, en un sector, como el farmacéutico en el que las cosas “siempre se han hecho CON el soporte y SIN la participación de la industria”. Es infinitamente más sencillo patrocinar lo que hacen otros que organizar proyectos propios con otros. Parece un trabalenguas, lo sé, pero leído con sentido común no lo es, si sumamos, que queremos organizar una desconferencia con 10 colectivos de salud “diferentes” reunidos al mismo nivel para trabajar con un mismo objetivo . Y pacientes también? y quienes son los ponentes? el programa de la jornada sin ponencias ni mesas redondas? me preguntaban en mis largas reuniones de compliance… Bueno, para llegar al 28 de abril ha hecho falta ser una buena esgrimista de pies a cabeza, acompañarme de un grupo de personas interno y externo obstinadas y perseverantes, con convicción plena y pasión sin límites y caminar “de la mano” con ese nutrido grupo de 70 personas apasionadas empeñadas una vez más en romper reglas, moldes y maneras. 

Y, el 28 de abril relucía en el calendario, las piezas encajaban cual Tetris, y empezaron los nervios y cientos de mariposas revoloteaban en mi barriga y todo parecía indicar, que volveríamos a reunir a los saltimbanquis, equilibristas, soñadores, arlequines, trapecistas, ilusionistas, funambulistas y viajeros de la esalud española, todos y todas #sherpas20.


Equipo Kronikalia, un placer trabajar con esa alegría!
Llegó el día, dejaba atrás conversaciones a altas horas de la noche, un intento fallido en noviembre de 2016 y muchas explicaciones, sí, aquella mañana empezaba a tocar el sueño de puntillas. Me calcé mis zapatillas plateadas, la ocasión requería lucir mi versión “más brillante” y nos encontramos 50 personas entusiastas con la motivación flotando en el ambiente de un antiguo garaje. Que emoción, que satisfacción tres años después, con el largo y tortuoso camino recorrido empeñarnos de nuevo en hacer que las cosas pasen. Todo a punto, buscar la visión y los valores de la comunidad con un Phillips66 y luego gracias a 10 mujeres disruptivas que presidían las mesas de trabajo nos sumergimos en el manual thinking para buscar proyectos con los que reducir la brecha digital en salud.  Y, en ese preciso instante, perdí el mundo de vista, dejaron de dolerme las flechas en la espalda, olvidé el sinfín de reuniones de defensa del proyecto, borré de mi mente todas y cada una de las palabras de desaliento escuchadas los últimos meses, nada… sólo sonaba Txarango y su “Quan tot s’enlaira” poniendo música y letra al momento.  Sí, me sentía como la mujer disruptiva número 11 que gracias al apoyo de todo un equipo de personas tozudas y a una empresa centrada en las personas, conseguía cambiar el rumbo de lo esperado, lo normal y lo habitual. 

Justo esta semana he leído dos posts que me han hecho pensar de nuevo en todas aquellas personas que “nadamos contra corriente para salir del rebaño” (definición no oficial de Sherpas20), ya sean héroes de lo cotidiano o rebeldes que rompen reglas. Y hoy quiero reconocer a todas las heroínas rebeldes disruptivas e intraemprendedoras que guerrean en muchas Organizaciones, ya que si no fuera por muchas de ellas, por su convicción extrema y su valentía, estoy convencida, que más de una “innovación” nunca sería realidad. 


Comunidad #sherpas20 en Barcelona cada vez más cerca de la cima
Así, por todo ello, me permito cantar alto y claro, esta estrofa de la canción de Txarango con la que empezó la 2ª desconferencia #sherpas20:

Cuando todo despega
Toco los sueños de puntillas,
Juntos podemos llegar más lejos.

Un largo viaje,
Ilusiones en las maletas,
Juntos podemos llegar más lejos.

Estuve tentando la suerte,
midiendo las palabras,
voy flotando en medio de los recuerdos.

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