martes, 25 de junio de 2019

ENFANTS partout (NIÑOS por todas partes)

Cuando puse los pies en Senegal la primera vez en agosto de 2018, me llamó la atención ver niños y niñas por todas partes, de todos los tamaños, solos, acompañados o a la espalda de sus madres. Cierto que a la que pones el pie en el suelo se te acercan rápidamente y la mayoría de las veces gritan "toubab, toubab" (blancos, blancos) alegremente. 

Dos sonrientes niños peúl en Ibel
Cuando visitamos Saint Louis se nos encogió el corazón, los llamados "talibés" llenaban sus calles, niños sucios, llenos de polvo y vestidos con harapos que mendigan armados de un pequeño bote de plástico. Dicen que son los alumnos de las escuelas coránicas, las daaras, que piden para su marabout, aunque sus condiciones extremas de vida a una temprana edad (mendicidad, maltrato, no educación reglada) los marcan para siempre. Pero sobre talibés se ha hablado y escrito mucho, incluso se ha llegado a considerar un sistema de esclavitud moderna. 

Riendo con niños y niñas en Iwol, la capital bedik en País Bassari
Por suerte, a la que abandonas las grandes ciudades de Senegal el panorama cambia y te encuentras con los verdaderos "enfants de África". Ya en agosto a Mbaye y David les pregunté insistentemente la media de retoños que tienen las mujeres africanas, ambos me repetían, Mónica aquí hay "enfants partout" (niños por todas partes) y nuestras mujeres tienen más o menos 6 hijos cada una. Si a la elevada media sumamos la poligamia, una famila "normal" tiene al menos 12 niños y niñas a los que criar, educar y alimentar.

La alegría de ser madre en Iwol
Globos, globos y más globos en el poblado de Andiel
Con todo ello, supongo que lo de ser médico y buscar bibliografía me tira, no he podido resistirme a buscar las pirámides poblacionales de Senegal y España y... aunque ni Arouna, ni Mbaye ni Abdoul no saben nada de salud pública, sí que han dado en el clavo diciendo que en Senegal lo que más hay son niños y niñas.



Y sí, pequeñajos y pequeñajas te aparecen por todas partes, siempre con una amplia sonrisa y unos ojos que te piden una sola cosa: CARIÑO. En otros lugares pueden pedirte dinero, regalos o cualquier otra cosa, pero en Senegal darles la mano, un beso o un abrazo es de lo más reconfortante y te hacen tocar el cielo. Cuando recorres las aldeas salen a tu paso corriendo y riendo, en ocasiones descalzos y con la ropa sucia y rota pero siempre, siempre extendiendo su mano hacia ti. Y cuando inflas unos globos y te pones a jugar ya no importa que no hables wolof, ni peúl, ni bedik ni ninguna de sus lenguas, el juego es universal y las ganas de pasarlo bien también. Sin buscarlo y sin pensarlo, así de repente, si eres de las personas que recorren el mundo con los brazos abiertos,  puedes encontrarte paseando con un par de locos bajitos, como decía Serrat, uno en cada mano saltando y riendo.
Just be cool !!! 
La juventud y los globos!!!
Y hemos entrado en colegios en los que esforzados profesores trabajan con pocos o muy pocos medios. Recuerdo especialmente el de la isla de Ehidje con unos 15 niños y niñas de menos de 12 años y un profesor que para enseñar lo mejor que puede, divide la clase en dos, pequeños y mayores, girando los pupitres: la mitad hacia un lado y la otra mitad hacia el otro. Nos fijamos en la pizarra, letras escritas y una breve explicación sobre el turismo el porqué, los beneficios y las desventajas, interesante hacer una lectura rápida. Y tras entregar bolígrafos y lápices, una foto de cortesía y un regalo que aparece en forma de canción cuando niños y niñas nos cantan un fragmento del himno nacional. 
Y sí, de nuevo África nos embriaga con sus pequeñas-GRANDES cosas.
Escuela de la isla de Ehidje
Maravilloso grupo con el profesor  (el de la camisa azul)
Una de las pizarras de la clase
Himno de Senegal cantado por los niños y niñas de la isla de Ehidge
Las personas más tradicionales nos cuentan que es necesario tener hijos e hijas para trabajar en el campo, son brazos para el futuro, pero hoy en día, como me decía mi amigo Demba, eso ya no es así. Es muy difícil y complicado alimentar y educar a 6 hijos e hijas en una sociedad con grandes y a veces abismales diferencias en lo que a poder económico se refiere, lo que supone que sigan los talibés para los niños y los matrimonios infantiles para las niñas. Por otro lado, no debemos olvidar que la sociedad senegalesa está cambiando y que la mujer quiere y debe ser parte de las decisiones que provoquen los cambios. Aún recuerdo a la comadrona del puesto de salud en la isla de Carabane cuando nos enseñaba los dos métodos de control de natalidad que tenía: píldoras anticonceptivas que se dispensan a escondidas y preservativos que los hombres no quieren usar, queda mucho camino por andar!!!!
Y como siempre los cambios van de abajo a arriba, precisamente los niños y niñas que ahora ríen y juegan, gracias a la educación y la formación son los que provocarán el cambio en este siglo XXI, seguro!
Taller de arpilleras y mamá 24hs en Ibel
Cose y duerme en la isla de Ehidje
Y, seguiremos cogiendo de la mano a esta infancia africana que ríe, salta y juega, pues como dice R. Tagore:

¿Sabe alguien de dónde viene la sonrisa que revuela por los labios del niño dormido?

martes, 11 de junio de 2019

MAMAN África

Volví a Senegal el 13 de abril de 2019, era mi segundo viaje a un país que me cautivó y me atrapó en agosto de 2018. Mi vuelta se convirtió en un reto que tocaba directamente muchas facetas de mi vida, algunas dormidas desde hacía mucho, mucho tiempo, quizás demasiado. En agosto, con motivo de mi primer viaje, me golpearon fuertemente sensaciones que no quisieron desaparecer durante meses, que seguían a flor de piel cada vez que veía una foto, recibía un whatsapp de mis chicos senegaleses o me quedaba embobada mirando una de mis muñecas africanas. Hoy, casi dos meses después de volver por segunda vez, las sensaciones y las emociones siguen nítidas y me han llevado a pensar en un tercer viaje antes de acabar el año. Esta segunda vez no he escrito un diario de viaje, #senegaldream no podía resumirse en el relato de un nuevo itinerario en el que no me veía capaz de transmitir sus vivencias, ENORMES, que han quedado fuertemente clavadas en mi. Por ello, con pausas y con mucha calma voy escribiendo artículos que ponen el foco en lo que para mí fue importante.

Sé que el título de hoy puede parecer repetido, lo sé, a algunos y algunas os recordará otras cosas que ya he escrito por aquí pero no os vayáis, os animo a seguir leyendo y así acompañarme de nuevo. Hoy quiero hablaros del papel, difícil, valiente e insustituible de las "MAMAN ÁFRICA" que conozco. He tenido la suerte de abrazarme con Dianeba (madre de Abdoul) y con Aissatou (madre de Mbaye), para el próximo viaje tengo pendiente conocer a la maman de mi querido Arouna.

El primer gran abrazo con Dianeba al conocernos bajo el caisedra
Maman Aissatou y Maman Monica
Family 50/50 
Conocí a Aissatou en nuestro viaje familiar de verano y ya, en ese momento con un par de miradas, un abrazo y una rápida conversación, me pareció una gran señora. Nos hemos vuelto a ver en abril, esta vez, con un poco más de tiempo. Ella es la primera mujer de su marido y matrona en el puesto de salud de Louly, lugar en el que junto a una "enfermera titulada" ayuda a las mujeres a dar a luz, ejerciendo, la que para mí, es una de las más bellas profesiones que una mujer puede tener en África. Cada vez que oigo soy la primera, la segunda o el número que sea de mujer de mi marido mi yo interior se revela con todas sus fuerzas. Ya hace casi un año que sobre todo mis 3 chicos africanos me cuentan cuantos hermanos y hermanas "mismo papá, misma mamá" tienen, pero también me explican cuantas "tías" tienen (las otras mujeres de sus papás) y cuantos hermanos y hermanas de sus tías, vamos todo un festival familiar que se escapa absolutamente a mi comprensión. Pienso y vuelvo a pensar lo difícil que es vivir y convivir como mujer en una sociedad polígama en la que, al casarte (no siempre por amor, ni por deseo, ni por petición, habitualmente por decisión de tu padre), tienes que abandonar el hogar familiar e irte a vivir a casa de la familia de tu marido. Y una vez allí, pasar la mayor parte del día en casa, tareas del hogar, trabajar en el campo, cuidar niños, etc.
Aissatou y la enfermera titulada con las gafas que dimos
Y Aissatou insiste en invitarnos orgullosa a su casa llena de gente, llena de niños y niñas sonrientes que te dan la mano y te abrazan como si fueras "la tía de Europa" que vuelve por vacaciones, la verdad son momentos en el que el corazón se te hace añicos y se desmontan todos tus prejuicios europeos. Ella, como madre africana y me atrevería a decir que como la mayoría de las madres, lo que más ama en este mundo es su familia, tenga mucho, o como acostumbra a pasar, tenga poco o muy poco. Te lo cuenta y te lo enseña feliz, y quiere que conozcas a todo el mundo y quiere que veas y sobre todo sientas que el amor de madre es incondicional, sin preguntas y siempre buscando todas las respuestas. Conozco bien a Mbaye pero también a Cheick y Abdoul, dos de sus hermanos y creo que los tres sienten verdadera devoción por Aissatou, su maman africana que siempre está para acurrucarlos en sus brazos, que siempre está para acariciarlos con una palabra amable, que siempre está y nunca les falla cuando toca acompañarlos en la dura vida de la supervivencia.
"Parte" de la numerosa familia de Aissatou con los nuevos miembros "toubab"
La mejor despedida de Louly: puesta de sol con su maravilloso baobab
Y tuve la inmensa alegría de conocer a Dianeba en el pueblo de Ibel, uno de los lugares con más polvo y calor que recuerdo. Llegué para trabajar con arpilleras y el grupo de mujeres Foutasawa pero ella, mujer hábil e inteligente, a la que pudo me apartó del grupo. Ella también es primera mujer de su marido y quería compartir conmigo lo que sentía, lo que seguramente llevaba meses pensando decirme. Y así, detrás del árbol caisedra me dijo:

"Mónica, gracias, gracias y mil gracias por ayudar a Abdoul con sus estudios en Dakar, si no fuera por tí él no estaría allí. Yo aquí en Ibel intento sobrevivir y alimentar a mis hijos trabajando en el campo, un campo que lleva meses seco y sin regar por falta de agua, un campo en el que no crece nada, de nada, ni las malas hierbas. Busco lo que sea para poder echar un puñado de arroz al bol y así comer todos, pero no siempre es posible. Este taller de arpilleras es una oportunidad para todas las mujeres que quieran sumarse, es una ventana al mundo, es un soplo de aire fresco a más de 40 grados tragando polvo a todas horas".



No hace falta que os diga que te pueden explicar muchas cosas, que puedes ver muchos documentales e incluso alguna película pero cuando te lo dice cara a cara una "supermujer" africana te desmontas en un instante. Mis ojos se humedecieron, me estremecí y sí, sollocé en sus brazos como una niña, me desplomé a pesar de haberme preparado durante meses para acercarme al dolor, pero así y todo nunca estaré lo suficientemente preparada. Cuando nos separamos le dije que no tuviera miedo, que seguiría ayudando a Aboul y que el proyecto de arpilleras iba a salir adelante, que quería ser facilitadora de su cambio, de su oportunidad y que juntas lo conseguiríamos.
Pero aún tenía un encuentro pendiente, me faltaba conocer a Penda, la hermana de Abdoul e hija de Dianeba casada hacía escasamente doce meses a los 15 años. La de veces que por whatsapp he preguntado a Abdoul ¿Cómo está Penda? y él, yo creo que para no hacerme mucho daño, siempre me contesta: bastante bien. Me contó su historia al poco de empezar a escribirnos y la herida que me causó fue profunda, muy profunda, una "niña" casada cuando ella soñaba con estudiar. Tristemente, desde su boda, es su marido quien debería darle permiso para continuar sus estudios y por el momento no lo ha hecho. Debemos decir y gritar, si hace falta, que las mujeres tenemos derecho a la educación, que estudiar y formarnos nos va a dar la posibilidad de aportar a la comunidad para entre todos y todas mejorar. Y vi en los ojos de Dianeba el dolor inmenso por Penda, un dolor silencioso y sentido pero aceptado en nombre de la tradición, y seguramente de la convicción de ser lo mejor en una zona polvorienta en la que cada día hay que procurarse un puñado de arroz.
Abrazada fuertemente a Penda y Dianeba
Maman Dianeba y maman Montse, ayuda mutua
Pero no penséis en la derrota, ni mucho menos, la transformación y el cambio han empezado, mujeres como Aissatou y Dianeba, guardando y asumiendo las tradiciones más ancestrales han dado pasos firmes, la primera trabaja fuera de casa, la segunda se ha lanzado sin condiciones a una nueva oportunidad, las arpilleras. Son mis 2 "mamás coraje", ellas sí que son dos maman África grandiosas, ejemplo y reflejo de cambio en una sociedad senegalesa que debe dejarlas espacio para caminar, espacio para crecer y sí, también, espacio para cambiar.
Maman Montse y maman Mónica 

miércoles, 5 de junio de 2019

AMISTAD, divino tesoro.

Soy persona de viajar, o mejor dicho soy persona de estar poco anclada en el puerto. Creo que desde bien pequeñita me gusta moverme en el más amplio sentido de la palabra. Me gusta moverme haciendo deporte, me gusta moverme participando en actividades variopintas, me gusta moverme cuando mis amigos y amigas me piden movimiento y me gusta moverme viajando. En algún que otro post he explicado la diferencia entre turista y viajera, lo mucho que me gusta viajar por todas partes y lo mucho que disfruto con las personas que se cruzan en mi camino. Además, con el paso de los años cada vez visito menos y vivo más, sí, sí, me doy cuenta que en cada nueva aventura viajera que emprendo priorizo el contacto humano y la buena conversación. Así, pusimos un pie en Dakar el 13 de abril de 2019 cinco mujeres diversas, casi desconocidas que habíamos decidido emprender una aventura de 10 días en Senegal. No llevábamos guía, nos guiaban nuestros corazones y una firme convicción de acercarnos a la realidad africana para "facilitar" ya fuera un cambio o que "algo" marchara un poco mejor. Como conté en el ya lejano post "Volvemos", el run run africano se hizo insoportable y junto con Marina, "mi princesa", habíamos comprado dos billetes para volar a Dakar. Fue, en la inauguración de la exposición "Dones disruptives, arpilleres en acció" cuando Montse se me acercó y me dijo: Mónica, aceptas a 3 viajeras en tu próxima aventura senegalesa? He de decir, que no lo dudé ni siquiera un momento, recuerdo que dibujé una amplia sonrisa y contesté: CLARO, CLARO será genial!!!
Con Abdoul y Mbaye la primera noche,
no es una gran foto pero son 3 corazones inmensamente felices
Faltaban dos meses para el viaje y con Mbaye y Abdoul llevábamos muchas semanas trabajando, con el primero el recorrido, los alojamientos, una visita a Aissatou, su madre comadrona en el puesto de salud de Louli, que si en Casamance dormiríamos en Cap Skirring para trabajar con las mujeres de Marie Luise que si íbamos a dormir en un campamento o bien en un hotel. Con Abdoul organizábamos cuando íbamos a vernos, y como serían los talleres de arpilleras en Ibel ya que como ha contado en su post, "él debía quedarse a estudiar en Dakar". Como sabéis no soy ni pretendo ser ninguna agencia de viajes, en mi cabeza, como acostumbro a hacer en mi trabajo, tenía los objetivos claros: orfanato de Mbour - centros de salud de Louli e Ibel - escuela de Ibel - dos grupos de mujeres arpilleristas uno en Ibel y el otro en la isla de los fetichistas en Casamance y hospital de Kedougou. El resto: vivir y sentir África sin condiciones.
Y a partir de ahí, un par de cenas de chicas, y el grupo ya estaba "enganchado": Berta, Julia, Montse, Marina y Mónica, todo a punto para subirnos con nuestras 7 maletas al avión que nos llevaría directamente a Dakar el sábado 13 de abril. Sí, sí, nos íbamos con las maletas repletas y los corazones encendidos ante el plan diseñado, somos así, mujeres inquietas y temperamentales.
Aqui 5 mujeres con 7 maletas facturadas y 5 bolsas de mano
Y... aterrizamos en Dakar, recogimos el equipaje y... una sensación de pánico se apoderó de mí, ¿y si no había nadie esperando cuando se abriesen las puertas? ¿Y si al final tanto organiza por aquí, contempla por allá y asegura un poco más arriba nada hubiera funcionado? Notaba como mi corazón latía desbocado en mi garganta y... se abrieron las puertas, ay madre, ¿Estarían y reconocería a Mbaye y Abdoul? Iba yo la primera de la expedición, miré a derecha e izquierda sin reconocer a nadie.... pánico, sudor, taquicardia... y de repente los vi, estaban saltando como locos de alegría en segunda fila, corre, corre, y nos fundimos en uno de los mejores abrazos que recuerdo!!! Lágrimas, emoción y una alegría infinita con el reencuentro, sí, sí habíamos vuelto, pisábamos de nuevo Senegal con todas nuestras fuerzas.
La juventud del viaje en la aldea bedik de Andiel
Esa primera noche fue de abrazos y besos a grandes dosis, con Abdoul, con Mbaye, con Assane, y con todas aquellas personas que habíamos visto en nuestro viaje de agosto. Incluso ahora, un mes y medio después, si cierro los ojos recuerdo a la perfección esa extraordinaria sensación, ya bien entrada la madrugada, DORMIR EN ÁFRICA, bueno maldormir pues los nervios se empeñaron en no dejarme descansar como hubiera querido. Emprendimos viaje al día siguiente, nos despedimos de Abdoul y sí, dió comienzo nuestra gran aventura, nuestro #senegaldream.

Berta, Marina, Mbaye, yo, Montse Júlia y Abdoul
(A Arouna lo recogimos en Kedougou)
No sé si fueron las casi 10 horas de coche, si fue el calor que empezó a apretar, si fueron las carreteras trazadas con tiralineas o que fue exactamente, pero todo cambió, las 5 mujeres vimos que nuestras emociones, a flor de piel, se sincronizaron en un plis-plas y nos convertimos en un TODO. Mbaye al volante se sumaba contento a nuestras bromas, respondía nuestras preguntas y nos llevó como buen conductor que es,  hasta el campamento de Wassadou, nuestra primera parada camino de País Bassari. Pasamos noche y al día siguiente, antes de desayunar, un tranquilo y silencioso paseo en barca por el río Gambia justo cuando salía el sol nos ancló definitivamente en África.
Salida del sol sobre el río Gambia
en el campamento de Wassadou
La foto clásica a la entrada de Niokolo Koba

En el campamento "Chez Arouna" con Arouna, en Ibel
Los días en País Bassari y Casamance con Mbaye y Arouna nos enseñaron que con poco se puede ser mucho, que la dignidad no es cuestión de dinero y que en Senegal la amistad es sincera o no es. Recorrimos con ellos más de 2000 kilómetros, muchas, muchas horas de furgoneta sin aire acondicionado; subimos montañas a más de 40 grados, paseamos por playas desiertas, hicimos arpilleras y entregamos material en colegios, orfanatos y puestos de salud. Y nos convertimos en un divertido grupo de 7 personas felices que paseaban, reían y bailaban bajo lámparas de colores con bluetooth con los brazos completamente abiertos.

Arouna y yo riendo en Iwol

"El grupo" en la piragua camino de la isla de los fetichistas
Salta, ríe, vive!!!
"Mamá África", Marina y sus tres hermanos africanos
Faltaban escasamente 24hs para volver a Barcelona y la última noche era el momento de celebrar el cumpleaños de Arouna y Mbaye. No fue fácil encontrar velas, ni tampoco algo que se pareciera a dos pasteles pero con un poco de imaginación y buena voluntad podía funcionar. Entre todas habíamos decidido que nuestros dos chicos debían celebrar su cumpleaños, se merecían soplar, al menos una vez en su vida, unas velas y formular un deseo, así, un 21 de abril cantamos el cumpleaños feliz más internacional en català, francés y wolof para festejar por todo lo alto las que creemos son las 29 primaveras de Arouna y las 32 de Mbaye.
Feliz cumpleaños Arouna y Mbaye, a cumplir muchos más!
Pero la mayor expresión de amistad nos la regaló Mbaye el último día antes de volver a Barcelona, llevaba yo días y días diciéndole que buscase un restaurante para comer con su madre Aissatou y su hermano Cheikh y él me iba respondiendo sí, sí, vale, vale. Llegó el lunes 22 de abril y tras entregar material en el orfanato de Mbour nos dió la gran sorpresa: nos vamos a comer a mi casa dijo! A decir verdad me enfadé un poco con él (y sigo enfadada) pues conocedora de lo poco que tienen, preparar comida para 7 personas no es precisamente un regalo y encima nos presentábamos "con las manos vacías". Así llegamos al patio de la casa y procedimos según su manera habitual. Primero lavado de manos con el cubo y la tetera de plástico, luego toca sentarse en el suelo, como cualquier familia africana y finalmente es el momento de empezar a comer los dos magníficos bols con theboudienne situados en el centro.



Gracias Mbaye, nuestro mejor Theboudienne!!

Riendo y riendo con Fatou,
maestra de ceremonias del theboudienne
Y como me dijeron, cuando acabas
te chupas la mano y luego te la lavas.
Y claro, eso significa que ya no vas a comer más!
Fatou nos explicó la técnica: "se coge arroz con la mano y se aprieta para hacer una bola, luego tienes que acercar la mano a la boca y no al revés". 
Mientras llevábamos a cabo las primeras prácticas Fatou repartió el pescado dentro del bol y nos ofreció las verduras, ¿Quieres un poco de zanahoria? (con ella en la mano) si aceptabas, te la pasaba, le dabas un mordisco y se la devolvías para el siguiente. Todo en conjunto fue una grandiosa vivencia y la comida la mejor de todas, riquísima y exquisita. Llegó el postre, y así, sin más acabamos con una magnífica fiesta improvisada a golpe de móvil y altavoz.
Creo que fue una de las experiencias más mágicas de todo el viaje, fue la máxima expresión de compartir y vivir en primera persona la famosa teranga senegalesa que concluyó, como no podía ser de otra manera, con un magnífico té Ataya que veníamos repitiendo casi cada noche antes de irnos a dormir.
Mbaye, el artista de Ataya
Y fue entonces, cuando creo que todas y cada una de nosotras nos convertimos en la familia toubab de Mbaye, Abdoul y Arouna. Pocas horas después, en el aeropuerto, tras un viaje muy, muy silencioso llegó el momento de despedirnos.
Resonaban en nuestras cabezas las risas, canciones y bailes de Arouna con su risueña pregunta cuando una maravillosa noche de abril en Chez Leontine le dije:
Oye Arouna has visto la luna llena?
Y él respondió: ¿Luna llena? De qué?

Recordábamos los largos silencios y el exquisito trato de Mbaye, y como casi sin querer todos nos habíamos vuelto un poco políglotas al combinar al mismo tiempo català, castellano, francés y wolof que nunca fueron barrera en nuestro grupo.
Y Abdoul, nuestro chico universitario, esforzándose por su sueño en Dakar, haciendo lo imposible por pasar tan solo dos días con nosotros vividos con una intensidad desbordante.
Echo mucho de menos a mis tres chicos africanos que se desvivieron por hacer de nuestro #senegaldream, un viaje diferente que se ha convertido en un recuerdo imborrable.

La última foto en el aeropuerto, volábamos a Europa!
Antes del adiós definitivo repetí la frase del mes de agosto, de nuevo tenemos que irnos para volver y sí, lloramos todos y cada uno de nosotros, nuestra amistad había quedado sellada para siempre.
Pero antes de irnos buscamos un horizonte, antes de irnos pusimos fecha para repetir el viaje: a principios de abril de 2021, con motivo del festival de Txarango en Caparan, intentaremos volver los 8 para volver a vivir intensamente África por todos los poros de nuestra piel.


Compta amb mi en els dies de lluita
si l'esperança et descuida.
Als mals passos hi haurà uns braços,
compta amb mi

viernes, 24 de mayo de 2019

MUJER, esto es África!!! (1)

Nos separaban 22 kilómetros de polvo naranja de Ibel. Conducía prudentemente Mbaye que no podía evitar que los más de 40 grados de temperatura exterior y la falta de aire acondicionado en nuestra furgoneta (sólo nos había durado 3 horas antes de estropearse) nos tuviesen, a las 7 personas que allí íbamos, un poco mareadas. Fuera nos acompañaba Arouna (que ya era un hombre completamente naranja) quien desde su moto cantaba e incluso intentaba bailar para animarnos. Iba yo sentada de copiloto, callada y con la vista fija en la carretera, no me atrevía a decir nada, los pensamientos iban y venían con rapidez en mi cabeza. En un rato nuestro primer gran "momento de la verdad" de #Senegaldream: arpilleras con las mujeres de Ibel.

          

Las telas del mercado de Kedougou
Durante meses con Abdoul y luego con Arouna habíamos preparado los talleres de arpilleras. Llevaba entre mis piernas la bolsa con todo el material, antes, nos habíamos acercado al mercado de Kedougou donde habíamos comprado telas africanas, no podía parar de juguetear nerviosa con la bolsa... Mientras planeábamos los talleres hablábamos de 15 mujeres, 20 como máximo (incluso teníamos un papel con las inscripciones!!!) para poder experimentar con el lenguaje textil y poder explicar y entender que la cosa no iba de hacer cuadros con monísimas cabañas africanas y una muñeca simpática. Estuve dándole mil y una vueltas, trabajé con Pilar y Roser del Ateneu, con Roberta, yo sola en casa tardes y noches hasta decidir que haríamos dos talleres:
  • con el primero intentaríamos que ellas, las mujeres que viniesen, se representasen con una muñeca que luego formaría parte de una arpillera que yo llevaba sin coser, toda cogida con alfileres.
  • con el segundo propondríamos pequeñas arpilleras con escenas cotidianas como ejercicio para explicar "sus historias puntada a puntada". 
Seguía yo callada en la furgoneta y empecé a tener miedo, Mbaye se inquietaba, ¿qué te pasa? ¿No dices nada? Si siempre hablas... Cuando llegamos a Ibel sentí pánico, ¿y si no había nadie? Y si después de todo, las arpilleras no tenían ningún interés para un grupo de mujeres al sur de Senegal en un pueblo con pocos recursos sin luz eléctrica ni agua corriente?

Entramos en Ibel... y de repente salió el sol en mí, bajo un enorme árbol vi mucha gente y muchos colores, no me lo podía creer, allí estaban las mujeres de Ibel esperándome pacientemente. Sonreí, casí lloré y al bajarme y empezar a andar todas al unísono, aplaudiendo gritaban: Monicá, Monicá, Monicá. No os podéis imaginar como me latía el corazón, estaba a punto de salir de mi pecho, todo mi cuerpo latía desbocado, latía y latía sin parar. Me acerqué a la mesa y allí mirándome con sus grandes y preciosos ojos había más de 30 mujerestragué saliva, sonreí y al igual que en cualquiera de mis múltiples ponencias pensé: ya no hay vuelta atrás, has trabajado durante meses, AHORA es AHORA y... todo fluyó, empecé a hablar en francés...

Las mujeres a punto para los talleres bajo un magnífico árbol caisedra
Expliqué que son las arpilleras, como surgieron y como creía yo que podían ayudarlas. Entonces se hizo la magia, estoy segura, a partir de ese instante todo fue fácil, muy fácil. No se interpuso entre nosotras ni el idioma (o mi francés estaba muy oxidado o algunas no lo dominaban mucho, por suerte apareció una traductora voluntaria), ni lo que sabían o no sabían ellas, ni lo que sabía o no sabía yo, todo fue fácil y sencillo, parecíamos "amigas de toda la vida". Y así, cada una hizo su muñeca, no teníamos suficientes agujas, pero no hicieron falta, ellas las hicieron con hilos y nudos, habían sólo 2 tijeras para todas y tampoco fue un problema, volaban de mano en mano entre risas y miradas de complicidad, algunas sabían coser, otras no y tampoco fue un problema, todas nos ayudábamos.



Al día siguiente, tras subir y bajar a Iwol con mi arpillera "Yo tengo un pesebre africano" teníamos el segundo taller. Ni siquiera notábamos bajo nuestros pies el suelo polvoriento de Ibel, ni el calor a más de 40 grados nos detenía, solo hacíamos una cosa: vivir intensamente con todos los poros de la piel la compañía de ese grupo de mujeres coraje.

"Mi pesebre africano" en Iwol con una de sus protagonistas
Con Dianeba, la verdadera mamá África de Abdoul
Iba a empezar el segundo taller y Dianeba, la madre de Abdoul insistió en que la acompañara a su humilde casa. Entré en una habitación pequeña, limpia y recogida con pocas cosas, muy pocas cosas: dos camas, un pequeño armario y una maleta y utensilios de cocina en dos atrotinadas estanterías. Eso era todo, ah no, y un espectacular vestido de batik azul encima de la cama. Dienaba quiso explicarme lo duro que era la vida en Ibel, ella, primera mujer de su marido, con 6 hijos a sus espaldas y poco o nada con lo que conseguir algún dinero para poder echar un puñado de arroz en la olla. Y suavemente me dijo: quítate la camiseta Mónica (a 42ºC y una excursión de 4 horas podéis imaginaros mi glamour) y la verdad, ni rechisté. Me puso y abrochó el precioso vestido que me venía como anillo al dedo, pulseras, collar y dos bin-bin en las caderas, solo faltaba el pañuelo en la cabeza y quitarme unas zapatillas de deporte poco o nada favorecedoras para mi nuevo y estrenado outfit senegalés. Con mis sandalias ya estaba a punto, como me dijo Dianeba, ahora sí, ya eres una más, como nosotras, vayamos a hacer arpilleras!!!! Acabamos el segundo taller, risas, abrazos y más abrazos, no podíamos dejar de despedirnos...

Con mi precioso traje de batik azul,
una arpillera de Zimbawe en la mano y los ejemplos en la mesa

Aún, hoy 30 días después mis ojos se humedecen cuando pienso en "mis" mujeres de Ibel, mujeres del grupo Foutasawa (baobab en lengua peúl) que dos tardes de abril decidieron probar y disfrutar con el lenguaje textil de las arpilleras bajo un enorme caisedra (el árbol de la fertilidad en Senegal). Mujeres que siguen cosiendo juntas, mujeres que han vuelto a encontrar un motivo para reunirse y compartir su día a día, mujeres africanas que buscan nuevas oportunidades y que se esfuerzan por cambiar.

Y sí, MUJER esto es África, un lugar en el que las personas que vamos con los brazos abiertos recibimos mucho, muchísimo más de lo que podemos dar.

Cara de felicidad infinita tras el primer taller,
aquí con todas las participantes. GRACIAS, GRACIAS
Con Marina, Dianeba y Penda.
Madres e hijas a 5000 kms de distancia.
Print Friendly Version of this pagePrint Get a PDF version of this webpagePDF

Puedes añadir el post a tu libreta: