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martes, 6 de septiembre de 2011

Regreso al pasado

Recogiendo hierba para el invierno
Empieza a caer la tarde, el sol busca un lugar para pasar la noche. Florica, sale de casa y se sienta en el banco. Su banco, el que construyó su marido Dimitri cuando hizo la valla del jardín. Ella se sienta ahora que hace buen tiempo y puede salir a la calle. Está cansada, desde muy temprano ha estado  en el campo recogiendo hierba con Dimitri y ahora ha llegado el momento de sentarse delante de casa con la mirada al frente. No tiene prisa, tiene unas cuantas horas por delante para estar allí, mirando la carretera que atraviesa el pueblo, luego será hora de ir a misa.


Mihai llevando leña

Desde su banco saludará a Mihai cuando vuelva con su carro de caballos, a Ileana que pasa cada día caminando ligera charlando alegremente con su teléfono móvil, y quizás, vea a Vasile paseando a su vaca.

Pero hoy ha sido diferente, hoy ante Florica, mientras hilaba lana con Maria, Elena y Mariana, se ha detenido un coche con gente extranjera, la han saludado alegremente: "Buna, buna" y les han pedido una foto. Vaya sorpresa!!! Todas han esbozado su mejor sonrisa y han posado como actrices que son de un tiempo pasado, de un tiempo con sus cosas buenas y sus cosas malas que se escurre entre los dedos.


Florica, Maria, Elena y Mariana ¿Quizás?
Esta pequeña e incompleta crónica imaginaria es parte de lo que hemos visto en nuestro paso por la Rumanía más rural, en Bucovina y Maramures las regiones agrícolas con clima extremo que pasan 5 meses a -25ºC y casi dos metros de nieve en la puerta. Una larga temporada en la que ni personas ni animales saldrán casi al exterior con mucho tiempo para coser, pintar huevos, leer y consumir la leña y la hierba almacenada durante el verano.

Ni siendo piloto de Rally
Nuestros ojos cosmopolitas llegados de Barcelona, se han abierto como platos al encontrarnos con costumbres y modos de vida del pasado, teniendo la sensación de protagonizar una película antigua rodada en tiempos de nuestros abuel@s y bisabuel@s. Extrañad@s de compartir 3.300 kms de carreteras en muy mal estado (a veces con más agujeros que asfalto) con carros tirados por caballos, personas caminando  cargadas con enseres del campo y arrastrando carretillas, animales "paseando y pastando alegremente", niños jugando, etc. Son las pocas carreteras existentes que atraviesan pueblos, campos, montañas y vías de tren convirtiéndose en el hilo conductor que todo lo une, en el hilo que nos ha llevado del presente al pasado. 

¿Cuándo váis a venir?
Hemos aprendido que allí las horas y los minutos pasan más despacio, sin prisa, sin sobresaltos, sin cambios... como ocurría 50 o 60 años atrás en nuestro país, un día tras otro, del verano al otoño, pasando por el invierno para llegar a la primavera. Eso, sólo eso. Y estas gentes, acostumbradas a vivir con un clima riguroso y pocos recursos conocen a la perfección el ciclo ineludible: nacer – crecer – morir, por ello, tienen su última morada preparada, en solitario o con la persona/as con quien han pasado la vida, para descansar toda la eternidad. Previsión vital, mirando al único futuro conocido de cara, con valentía o inconsciencia, ambas cosas tan cercanas.





Esta Rumania nos ha calado hondo, no por su Drácula de Transilvania, sinó por su gente pausada, tranquila sentada en los bancos a la puerta de casa viendo pasar la vida...

3 comentarios:

  1. Me encanta tu crónica e historias imaginada. Me recuerda un poco a mi periplo por Bulgaria, un pais vecino, por descubrir, que tiene mucho de lo que cuentas. Allí descubres que el tiempo es tiempo y compruebas que los mayores tienen razón cuando dicen que "ahora la fruta no sabe a nada" . Hay viajes y países que atrapan. Celebro la experiencia que relatas.

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  2. Gracias por el comentario Taite. Ciertamente cuando viajas descubres varios países en uno, nuestra estancia en Rumania nos ha enseñado que la Rumania rural no es la única pero sí la más alejada de nuestro modo de vida. Ese tiempo que a nosotros se nos escurre entre los dedos sin darnos cuenta, allí se alarga día tras día. Y ya que estamos, no nos iría mal "reservarnos" algún momento de pausa para ver pasar el tiempo.

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  3. "(...) un día tras otro, del verano al otoño, pasando por el invierno para llegar a la primavera". Qué tremenda la sensación de vivir el tiempo a otro ritmo; cómo ayuda a descontextualizar nuestro modo de vida y valorar de otra forma las cosas. Gracias por el post, Mònica. Dan ganas de ir para allá unos días, aparcar el coche, coger el carro y parar la Tierra un rato :)

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